Es sólo cuestión de tiempo
April 23, 2010
Adrián se siente atado, es una relación que no le conviene, no está a gusto. Siente un profundo odio por ellas pero el más severo de los respetos. Detesta cada una de sus características, cada uno de sus movimientos, no puede verlas pero no deja de mirarlas.
La más fina y extrovertida no puede quedarse quieta. En un movimiento constante pero no continuo pasea incansablemente sin detener ni aminorar su marcha. Contenta ella y sin prejuicios se hace ver al mundo tal como es, podrán llamarla de muchos modos, algunos, incluso, sentirán que va más rápido, otros más lento. Es que realmente no sabemos con certeza que su velocidad sea siempre la misma. De hecho – y no creo que sea algo que le preocupe – mucha gente no le da valor a su existencia.
Pasa sin detenerse y saluda a una de sus amigas que también se mueve en un movimiento constante no continuo pero que no comparte casi ninguna otra característica más. Es mucho más serena, contempla más la situación y analiza el momento justo para hacer su siguiente movimiento. Estilizada y con carácter, cada paso que da pareciera ser importante. Hay muchos que esperan su señal para llevar a cabo su objetivo. Señal que aunque muchos pretendan olvidar depende – sin excepciones – de la efectividad de su amiga excéntrica (que en una búsqueda laboral el término “proactiva” le cabría perfectamente).
Pero claro, no es posible que sólo sean ellas dos, sería inverosímil que haya solamente una desprejuiciada e hiperquinética y otra armoniosa y pensante. Falta una pata para que esto se sostenga y ahí es cuando aparece la tercera.
Características físicas: gordita, lenta y petiza. Lo raro, aunque no se si tan raro, es que es a ella a quién más respeta la gente o tal vez, una cosa más que no podría asegurar, le temen.
Hace movimientos cortos y lentos con lapsos muy grandes, pero cada pisada nos hace acordar de su presencia, cada movimiento advierte a sus dos amigas de que no frenen su marcha, que ella está ahí para dar la última palabra.
Depender de ellas puede ser traumático, no depender de ellas también puede serlo. De todos modos no creamos que mirarlas de reojo es una buena decisión.
Adrián está convencido que ya no puede escapar. Adrián les pertenece o eso cree. Regulan sus movimientos, lo advierten y lo condenan con perfecta exactitud.
Con personalidades tan marcadas como diferentes lograron un sistema que funciona como un reloj.