Rutina

August 26, 2010

La fatiga no pudo contra la alegría de la mudanza. Las manos repletas de cosas no impidieron que entren de la mano. Bueno, después de meter todo en la casa vinieron las escenas cursis, abrazos, besos, algún que otro jugueteo y quizás, no llegué a percibirlo, tuvieron sexo.

La casa ideal, un buen dormitorio para ellos, un comedor espacioso, una ducha de esas de las que a ella le gustan y un segundo cuarto para que él lo use de escritorio. Los primeros meses, como era esperado, vivieron entre cajas. A veces hasta los perdía de vista por las pilas de cosas, pero siempre sabía donde estaban y qué hacían. Se fueron acomodando, el tiempo sólo creo que lo fue haciendo. Él pasaba gran cantidad del día en su escritorio, ella trabajando. Cenaban juntos, a veces cocinaba él, a veces ella.

Y de golpe, la verdad es que hasta yo fui siendo parte, todo se volvió una rutina. El pasaba el día en la computadora, ella repetía la misma secuencia todas las mañanas antes de salir al trabajo. La noche, cena, televisión, cama, dormir, mañana siguiente y la cadena estaba más fuerte que nunca. Alguna tarde o noche, las ganas tocaban el techo y tenían sexo.

La rutina era irrompible, eso pensé. Mi error fue tan grande como el cambio.

Era una noche más, todas eran una noche más. Los dos dormían. Un chirrido muy fuerte se escuchó de afuera de la habitación. Él se despertó en seguida, ella balbuceó algo mientras cambiaba de posición y no dejó que ese sonido agudo y constante le interrumpiera las pocas horas de sueño que le quedaban. Él se levantó, cada vez lo escuchaba más cerca, mas fuerte… por favor, que insoportable que era ese ruido, llegaba a unas frecuencias tan altas, tan altas.

Descubrió que venía de su escritorio. Despacio, mitad asustado mitad dormido entró y prendió la luz.

Las paredes ahora eran celestes, el piso estaba lleno de cosas. Le sorprendió que el techo también. Su escritorio no estaba más, obviamente su silla, su computadora tampoco. A un costado estaba la cuna, y adentro un bebé llorando tan efusivamente que si hubiesen visto su reacción no hubieran dudado en ir a abrazarlo. Obviamente que yo no fui.

La vieja rutina ya no existió más. Comenzó una nueva, pero él sabía que esta también tenía fecha de vencimiento.

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