Día lluvioso

November 30, 2009

Se despertó a las 10 de la mañana, estiró el brazo y recordó que era Domingo y que a su novio le tocaba trabajar. Unos golpecitos metálicos entraban por la ventana, afuera parecía no haber amanecido, la tormenta se comió al sol.

Se levantó de la cama, fue hasta la ventana y abrió la persiana. Parada con una remera de hombre, larga, que le llegaba a las rodillas miró la ciudad, la lluvia era muy intensa.

Empezó a sentir que se le humedecían los ojos, se sentó en la cama y con el envión se dejó caer de espaldas.

Con la mirada fija – pero sin mirar nada – en el techo empezó a llorar.

No sabía por qué, no se lo preguntaba tampoco, pero lloraba. No estaba triste, de eso estaba segura.

Había pasado media hora ya y sus ojos no dejaban de llorar, se concentró, comenzó a respirar profundo y de a poco dejaron de caer lágrimas pero apenas se relajó el llanto regresó con tanta fuerza como si nunca se hubiese ido.

La lluvia no paraba, el ruido del tráfico de domingo y las gotas que no dejaban de sonar en el techo de chapa de afuera.

Escuchó la puerta de entrada abrirse, ya era mediodía. Su novio entró al cuarto y la vio, ella giró quedándose boca abajo mirándolo.

Estaba empapado, con un ramo de flores en la mano y una mirada feliz, ella lo miró con los ojos rojos y las mejillas mojadas y le regaló una sonrisa tan grande que él no quiso preguntar por qué lloraba.

Se acostó frente a ella quedando las dos caras enfrentadas.

- Día lluvioso – dijo él.

- Día lluvioso  – dijo ella.

Ojos de cartón

November 26, 2009

“No tenes lágrimas”, esa fue la frase que le dijo el oculista, seguida de otra que, dicha por un médico, al menos asusta, “Es raro que alguien de tu edad tenga los ojos tan secos”, sentenció.

Hacía mas o menos un mes que le ardían los ojos, al levantarse, a la tarde, antes de dormir y por eso consultó al oftalmólogo. Usaba lentes, con poco aumento, nunca había tenido problemas de visión, ahora tampoco los tenía, veía bien, solo que no tenía lágrimas.

No tenía mucho contacto con el mundo, de hecho no creía en la gente, en las personas, no le interesaban los demás y no quería interesarles tampoco. Estaba cansado de las agresiones  continuas de los que lo rodeaban y de los que no. En realidad, y siendo franco, nada de lo que pasaba a su alrededor le importaba y no era por egocentrismo o pedantería, simplemente no le importaba.

Los ojos se le iban secando más con el paso del tiempo y de a poco le iba afectando a la visión. En tan solo 3 días se habían secado más que en el último mes.

Lo que más le llamaba la atención por estos días de sequía, lo que mas le atraía era tirarse en su sofá y escuchar sus interminables discos de jazz.

Hasta que un día los ojos de tanto secarse se convirtieron en dos bolas de cartón. Y no le molestó quedarse ciego, por que lo cierto es que ya estaba cansado de mirar.

Es tarde

November 24, 2009

Marina entra a su casa dando un portazo, con el ruido no puede evitar cerrar los ojos, no pensó que sonaría tan fuerte, cerró con mucha fuerza.

Parece que la cita con su ex novio no resultó como ella esperaba. Había estado pensando toda la semana en eso.

Se acerca a la heladera, la abre – está respirando fuerte aunque no está agitada – mira el interior, nada la convence, no esperaba que algo la convenza, cierra.

Marina está decididamente enojada.

Agarra el teléfono y sin pensarlo demasiado marca. Contestador. Corta.

No la quiere atender, no lo escuchó sonar, no tiene el teléfono con él, para Marina no la quiso atender. Mira la hora y se queda unos segundos (un minuto tal vez) perdida en el reloj de pared, como si el ritmo constante de los segundos la hayan hipnotizado.

Agarra el teléfono, llama. Contestador.

- Santiago soy yo, me gustaría que hablemos, cuando escuches el mensaje llamame por favor.

Corta y le da unos golpecitos nerviosos al teléfono contra la mesa. Camina a su habitación, al entrar lo primero que hace es mirar el reloj despertador, no se llevan muy bien, son una especie de compañeros de cuarto que tienen que convivir por obligación y que si no sucede nada que altere el clima, la relación es llevadera pero al mínimo detonante todo estalla y ahí es cuando se ven las miserias.

Agarra el teléfono, llama. Contestador.

- Santiago es la tercera vez que te llamo – piensa unos segundos, los ojos se van tornando más brillosos y no quiere que la sensación se transmita a su voz – no pude evitarlo, pasaron cosas y cuando me di cuenta ya era tarde.

Corta. Una lágrima empieza a caerle por la mejilla, se deja caer en la cama. Mira el reloj de su muñeca, a este le tiene más bronca que al despertador. Marina se para y vuelve al living, camina lento, piensa.

Agarra el teléfono, llama. Contestador.

- Perdón, se que te prometí que lo iba a cambiar, lo intento. Me surgieron unas cosas y me demoré – ya no puede contener la angustia, se le quiebra la voz mientras habla, no quiere darle pena, pero no puede evitarlo – sí, ya se, una hora, pero podrías haber llamado – silencio – te fuiste.

Corta. Cansada de llegar tarde Marina se arranca el reloj de la muñeca izquierda y lo rompe contra el suelo.

Marionetas

November 23, 2009

Buenas noches. Y digo buenas noches, por que todas las noches son buenas.

Felices los invitados a la cena del Señor. El señor es mi pastor, nada me puede faltar. Por que tu solo eres santo. Solo tu señor Santísimo Jesucristo, tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¿por que todas las noches son buenas? Por que todas las noches revivimos el nacimiento de Jesús. Todas las mañanas el sol nos ilumina, y todos los días, son alumbrados por la luz de nuestra Madre, la Virgen María, quien desde la concepción del Señor Nuestro Dios, alumbra los caminos de quien quiera seguirla.

No pretendo convencerlos de que deben pensar como yo. Simplemente, Deben pensar como yo.

Ustedes ahí, y Jesús entre nosotros. Un solo objetivo tiene nuestras vidas. Vivir para el Señor. Seguir su sendero. No existe otro camino. Cuando hablamos de camino, es solo en sentido metafórico, por que en realidad, no existe camino. Hablar de camino, supondría pensar, que a su vera, habría algo. Y acaso hay algo por fuera de Dios? (Se queda mirando, parece dudar)

La forma de vivir la elige cada uno (suspira, toma aire, se muerde el labio, parece que el no eligió). Esto es lo grandioso del Señor, el libre albedrío que nos dio al nacer. Muchos de ustedes preferirían una gran mano que los vaya moviendo como marionetas. Por que muchos de ustedes (silencio)… o nosotros…, no somos mas que simples marionetas. Si se nos cortan los hilos, caemos de cara al piso. Y seguramente en ese momento, el primer insulto es a Dios.

Mis queridos Fieles, hoy se me cortaron los hilos.

Me cago en Dios.

Viaje en tren

November 21, 2009

Subí al tren, fastidioso, era un viaje que no tenía ganas de hacer. Había algunos lugares libres, elegí uno que mire en la misma dirección en la que avanzaba el tren, a veces cuando voy mirando hacia atrás me mareo.

Me senté al lado de un señor de traje, de alrededor de 50 años, que miraba por la ventana pasar los paisajes, en solo segundos cambiaban del edifico mas lujoso y ostentoso a la zona mas marginal y descuidada.

- Me daría la hora por favor – le pedí tratando de ser amable, me costó un poco.

- Si se la doy me quedo sin – me respondió con una sonrisa.

No me pareció gracioso pero a pesar de eso le hice una leve sonrisa, como cuando uno quiere complacer a un chico.

- Son las 8 y 25 – me dijo.

Le agradecí y volví la vista al frente.

- ¿Se va de vacaciones? – me preguntó

- No, trabajo

La verdad es que no tenía ganas de hablar con un desconocido, no tenía nada para contar y no me interesaba nada lo que me pueda contar.

- Yo voy a ver a mi hija, ¿sabe? tiene 5 años y hace 5 años que no la veo – sonrió – no la conozco.

Asentí con la cabeza.

- La madre no me dejaba verla – continuó – pero ahora que sabe que estoy mejor me dejó que vaya a visitarla.

- ¿Estaba enfermo? – en realidad no me importaba un carajo lo que tenía, pero sentí la obligación de ser un poco cortés, al fin y al cabo este hombre no tenía la culpa de mi mal humor.

- Sí, de tristeza. Era alcohólico, por eso me dejó Sandra y se fue embarazada de 7 meses.

El hombre hizo una pausa, yo lo estaba mirando fijo, de a poco me iba importando un poco más su historia. Miró hacia la ventana, tragó saliva muy fuerte y se pasó el revés de la mano por los ojos. Sin mirarme siguió hablando con la voz entrecortada contándome sus fracasos. Ese día era el primero en que tenía un sentimiento positivo.

- ¿Tiene hijos? – me preguntó volviéndome a mirar, los ojos aún estaban vidriosos, la tristeza que acumulaban era inmensa.

- No, me falta la maceta donde plantar la semilla – le dije en tono de broma como para cambiar un poco el clima.

Comenzó a reírse y a felicitarme por la ocurrencia que a mí me pareció bastante tonta.

No quise pensar que estaba sintiendo lástima, odio ese sentimiento y en definitiva este hombre estaba en el día más feliz de su vida, por qué habría de sentir lástima por él. La sentía, era claro que le tenía lástima pero también simpatía, empezó a caerme bien.

A la hora de viaje sin darme cuenta me descubrí contándole mi vida, que estoy más solo que un perro, que odio mi trabajo y que la única familia que tengo es mi hermano que me detesta tanto como yo a mi trabajo. El hombre me palmeó la pierna diciéndome que era un hombre joven, que tenía tiempo para formar una familia y ahí fue cuando me largué a llorar como un nene de 5 años. Me convidó agua de una botella, la angustia pasó rápido. Sentí un poco de vergüenza, un tipo de 35 años lloriqueando en el tren con un hombre que conoció hace 60 minutos, pero la verdad es que en los últimos años nadie me dio ese lugar y cuando me di cuenta de eso también me di cuenta de que sentía más lástima por mí que por él.

Faltaban menos de 10 minutos de viaje, a esta altura ya nos conocíamos como amigos de toda la vida. Me hubiese gustado que dure un poco más, me sentía cómodo con él y la verdad que no tenía ganas de trabajar.

Llegamos, bajamos al andén.

- Tengo que hacer algo de tiempo, ¿vamos a almorzar?

- Vamos – le respondí

El hombre del bigote negro

November 18, 2009

- Impecable Raúl, no hay como tu sonrisa – dijo el fotógrafo.

Y era cierto, sus labios figuraban en todas las publicidades de dentífrico, chicles y todo lo que involucre una boca. Empresas de todo el mundo venían a buscarlo. Un hombre vigoroso, joven, con una boca perfecta y un bigote ideal, tupido, negro, con una simetría que hacía sospechar si era verdadero o no.

En los contratos lo decía claramente: En la fotografía solo está permitido mostrar la boca, barbilla y bigote del señor RAÚL EDUARDO BALESTRA, toda parte del cuerpo que no esté comprendida en este sector queda terminantemente prohibida a ser expuesta.

Con mirar a Raúl tan solo un segundo podríamos comprender este fragmento del contrato.

En contraste a su hermoso y negro bigote aparecía su pelo, su vergüenza. Era un hombre con orgullo, que aceptaba las cosas como eran.

La gente que lo veía por primera vez siempre pensaba lo mismo: ese bigote está teñido.

Pero no, era natural. Y es que desde que Raúl tenía 25 años causaba la misma sensación.

Un hombre de pelo blanco con bigote negro.

El don de escuchar

November 18, 2009

Pablo Fuentes es un tipo común, normal, uno del montón. En general todos sobresalen del resto por algo: graciosos, gritones, silenciosos. Pablo no, hace todo en tal medida que nadie lo nota. No habla poco, pero tampoco mucho, no grita ni habla susurrando. Es – de la manera más literal de la frase – uno del montón.

Nunca una maestra se confundió al nombrar su apellido, nunca tuvo que deletrearlo, siempre pasó desapercibido.

En su familia siempre fue así. Una pregunta común en las reuniones familiares era: ¿Dónde está Pablito? E instantáneamente la respuesta era: Ahí. Ni siquiera tenían que buscarlo. Pablo no llama la atención. Las mujeres no lo ven como un hombre feo, tampoco uno lindo, a veces ni siquiera lo ven.

Pero Pablo no es igual a todos y eso lo descubrió de chiquito, aún antes de que este descubrimiento significara algo para él. Pablo escucha el pensamiento de las personas que tiene cerca, como si le hablaran.

El primer recuerdo que tiene de este don es de cuando tenía 5 años y la “escuchada” fue su madre. A las 4 de la mañana Pablo se despierta, algo triste y enojado camina hasta la pieza de sus padres, entra, bordeando la cama se acerca al lado donde duerme su madre y le toca el hombro.

Pablo: Me hice pis

Madre (pensamiento): ¿Quién me mandó a tener un hijo?

Pablo: ¿Qué?

Madre: No dije nada.

Pablo le creyó, es que no había visto moverse su boca. Su mamá no había hablado.

Desde ese momento Pablo empezó a prestarle más atención a los pensamientos de la gente, y quizás es por eso es que prefiere no sobresalir, no llamar la atención.

Pablo prefiere escuchar.

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